La perforación se realiza mediante una broca que gira en sentido helicoidal a la vez que un fluido de perforación (lodo) circula por su interior hacia el fondo del pozo. Una vez en el fondo, el fluido sale a través de unos agujeros de la broca hacia el fondo y el espacio anular (espacio entre la pared interna del pozo y la pared externa de la sarta de perforación), arrastrando hacia la superficie los ripios o detritos de las formaciones geológicas atravesadas.

Una de las funciones principales de los fluidos de perforación es el sellamiento de las paredes del pozo. Este proceso se produce gracias a la acción de los cristales laminares de arcillas que están en suspensión en el fluido, los cuales al entrar en contacto con una superficie la tapizan inmediatamente formando una capa aislante que protege las paredes del pozo.

Este tapizado de arcilla forma un sello aislante que impide fugas de fluido hacia acuíferos, así como desde el acuífero hacia el pozo, o hacia formaciones colindantes.

Una vez que se llega a la profundidad deseada, se procede a retirar del sondeo la sarta con la broca de perforación, para a continuación introducir por el interior del pozo una tubería de revestimiento comúnmente llamada casing. La función del casing es entubar el pozo y crear una columna mecánica para evitar su derrumbe y aislar.

Para completar el aislamiento, se procede a inyectar cemento por el fondo del pozo, cemento que asciende por el espacio anular situado entre la pared interna del pozo y la pared externa de la tubería de revestimiento. Dicho cemento está especialmente formulado para proteger y aislar todas las formaciones perforadas del posible contacto con fluidos, altas presiones y altas temperaturas.